El tercer policĂ­a de Flann O’Brien

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El 5 de Octubre de 1911 nacía en Irlanda (más concretamente en el condado de Tyrone) el escritor Brian O’Nolan. Tal vez este nombre no les diga mucho pero si hablamos de su seudónimo, Flann Obrien, quizás se me vayan orientando un poco más. Para los asiduos a los pubs irlandeses este nombre les será familiar, ya que suelen tener un poster con escritores de origen irlandés en el que aparece este escritor. Para celebrar el centenario de su nacimiento hoy vamos a hablar de su famosa novela El tercer policía, un hito mágico, absurdo y surrealista de la Historia de la Literatura Universal.

La historia está narrada por su protagonista del cual no sabemos su nombre porque ni él se acuerda. Huérfano desde temprana edad, compartirá su vida con su amigo Divney. Ambos mantienen una relación de amor-odio (ya que los dos se guían por sus propios intereses) narrada con una ironía excepcional. Un día Divney convence al protagonista de que deben asesinar al viejo Mathers y hacerse con su dinero para poder vivir libre e independientemente uno del otro. Tras asesinarle Diveney desaparece momentáneamente y esconde la caja con el dinero en un lugar de la casa del finado. El protagonista no ha visto el lugar del escondite por lo que desde ese día se convierte en inseparable de Divney, ya que no se fía de su “amigo”. Al final, harto de la situación, demanda saber donde esta la caja, que irá a buscarla siguiendo las instrucciones que le ha facilitado Divney. Al llegar a la casa el protagonista descubre asombrado que alguien está dentro y que no es otro que el viejo Mathers, con el que mantiene una extraña conversación ya que sólo puede negar cosas. Así mismo, mantiene diálogos interiores con una voz, que resulta ser su alma y que por comodidad la llamará Joe.

«Como en la mayoría de las teorías de Selby, el resultado es inconcluyente»

Y este el comienzo de la novela (capítulo primero y un poco del segundo). La historia poco a poco se va volviendo más absurda pero guardando una lógica extraña. A esta atmósfera absurda contribuye los pensamientos y teorías del filósofo y científico ficticio de Selby, del que el narrador es un ferviente admirador y comentarista. Las teorías de de Selby son ciertamente extrañas y le hacen parecer sin duda un primo lejano de Melquíades. Desde su intento a viajar encerrándose en una habitación a través de las fotografías del paisaje a su experimento sobre el tiempo y la eternidad a través de un sistema de espejos, pronto vemos lo infructuosas o completamente locas teorías del pensador que, sin embargo, se engarzan con el hilo de la historia siguiendo una lógica aterradora y contribuyendo a crear el clima propicio para que el lector acceda a jugar con las reglas que el escritor nos marca. Para llevar el absurdo al extremo, el escritor añade notas a pie de página acerca de otros libros y comentaristas de de Selby.

Llegado este punto alguno se preguntará ¿pero dónde están los policías y más en concreto el tercero? Un poco de paciencia, todo llegará más adelante. Aunque no por ser representantes de la ley sus acciones son más reales que las del resto de los personajes. Sin lugar a dudas uno de los personajes más importantes es el sargento Pluck, obsesionado con las bicicletas y que nos regala algunos de los pasajes y frases más importantes y divertidos de la obra.

Cuando O’Brien intentó publicar en un par de ocasiones esta novela siempre recibió calabazas. Cansado de la derrota les dijo a sus amigos que había perdido el manuscrito en un viaje en coche, tras abrise por accidente el maletero del coche. Lo cierto, o eso dice la leyenda, es que O’Brien conservó el manuscrito toda su vida, concretamente en su comedor. Día tras día, mientras comía, el escritor se enfrentó con su obra durante 26 años. Posiblemente intuía el valor de la misma y por ello no quería deshacerse de ella. Al final, tras su muerte, su viuda llevó la obra a su antiguo editor, que acabó publicando la novela en 1967 y fue reconocida inmediatamente como una obra maestra. Es siempre fácil construir futuribles, pero en este caso el rechazo de esta obra pudo contribuir a que la obra de O’Brien no fuera más extensa y siguiera desarrollando posteriormente este estilo único que aguanta la comparación perfectamente con las obras más importante del boom latinoamericano y el famoso realismo mágico.

Es impresionante la cantidad de grandes escritores que un país tan pequeño como Irlanda ha dado al mundo y más concretamente en el siglo XX. Concebir la literatura contemporánea sin Joyce (en la narrativa), Beckett (en el teatro) o Yeats (en la poesía) es llanamente imposible. Si estos son normalmente los tres tenores que se resaltan, hay otros grandes en segunda fila que han escrito obras fundamentales y geniales. Miembro preferente del siglo de oro irlandés es O’Brien, sin lugar a dudas, y El tercer policía es su obra más importante y representativa. Un universo mágico, extraño, lógico, imaginativo que desconcierta al lector, le hace reír para luego hacerle pensar que maldita la gracia. El final es uno de esos que se recuerda de por vida, una resolución maestra que hace que al final todo cobre sentido. Lo recomendamos fervientemente.