El mercader de Venecia de William Shakespeare

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Inaguramos una nueva sección en nuestro blog para poder comentar también obras de teatro y poemarios. Para inagurar esta nueva categoría parece lo más adecuado escoger una obra del dramaturgo y poeta inglés William Shakespeare. Y la obra escogida, El mercader de Venecia, me es muy querida por dos motivos. No sólo fue la primera obra de Shakespeare que vi representada en un escenario sino que además fue la primera obra de teatro que vi en toda mi vida.

El mercader de Venecia es una comedia. A diferencia de una tragedia, donde casi todos los personajes palman al final y grandes dilemas azuzan a los personajes, la comedia pretende entrener al público sin plantearle muchos problemas. En otras palabras, es lo más parecido a una película de Julia Roberts en el teatro isabelino. Pese a que el protagonista debe sortear pequeños escollos en su camino al final se impone el happy end. El amor triunfa y nos vamos todos contentos a casa.

El argumento de la obra es bien conocido. Antonio, el mercader, presta 3000 ducados a Bassanio, su amigo del alma, para que pueda comprometerse con Poncia, una rica heredera. El problema es que Antonio no posee liquidez suficiente para dejarle el dinero a Bassanio, por lo que se ve obligado a pedirle dinero a su enemigo Shylock, un judío con el que ha tenido varios encontronazos en el pasado. Shylock, que ve en la ocasión una posibilidad de tomar su revancha por agravios pasados, sólo exige que si llegada la fecha convenida no recibiera el dinero prestado se cobrará un libra de carne de Antonio. El mercader acepta confiando en que algunos de sus barcos llegará a tiempo a Venecia y poder pagar la deuda con las ganancias generadas. Paralelamente a la trama principal transcurre la historia de amor donde Poncia contraerá matrimonio con aquel pretendiente que resuelva correctamente un acertijo diseñado por su padre y garantizar así que hija se case con la persona adecuada.

Retrato de William Shakespeare, conocido como Retrato Chandos, ya que el dueño del lienzo era James Brydges, primer duque de Chandos. Se considera el retrato más fiel del dramaturgo. Hoy en día se puede contemplar en la Galería Nacional del Retrato de Londres

Esta obra de Shakespeare ha tenido que hacer frente con el tiempo ha una de las peores censuras que nos hemos autoimpuesta: la correción política. No es la única obra del inglés que corre esta suerte. Otelo, el moro también se ha visto afectada en este caso por el mismo mal. ¿Se debe dejar de representar una obra porque su con tenido representa unos prejuicios de una época que ya hemos superado? En general creo que este acercamiento es totalmente erróneo. Una vez fuimos una sociedad tremendamente antisemita (bastantes individuos todavía lo son) y sus productos culturales no es más que un espejo que refleja nuestras miserias pasadas. Pero lo peor de todo es que considerar esta obra como antisemita es de una torpeza que sólo los radicales de pensamiento, sujetos que siempre ponen en peligro la literatura sea del color que sea, pueden cometer.

La obra precursoa del Mercader es El judío de Malta. Esta obra escrita por Christopher Marlowe (algunos críticos opinan que Shakespeare y Marlowe son la misma persona), donde la descripción del judío Barrabás (su nombre ya adelanta algo) y sus acciones son bastante negativas. Nadie puede sentir la menor empatía con este personaje cobarde y miserable cuyo único interés reside en salvar sus riquezas, aunque sea a expensas de la caída de toda su ciudad. Pero ¿acaso podemos encontrar algún parecido entre Shylock y Barrabas? La respuesta es que lo único que comparten estos dos sujetos es la religión (y a juzgar por los comentarios de Barrabás ni eso).

Esta claro que los medios de Shylock son despreciables pero cualquiera puede entender que le tenga bastante odio a Antonio. El judío ha sido maltratado por el mercader y otros cristianos debido a su raza yl ejercimiento de la usura. La censura no ha sido sólo verbal o social sino que ha sido también física. Es normal que Shylock no aguante a Antonio. La única crueldad de Shakespeare para con Shylock es que no le da el género que merece. Si Shylock hubiera fracasado en una tragedia, sería siendo un héroe a nuestros ojos. El decoro de la época ímpide que en la sociedad inglesa un judío fuera el héroe de la obra. Al elegir una comedia Shakespeare condena a Shylock a la humillación pública.

Pero el judío recibe algo de justicia poética y nunca mejor dicho. Shakespeare le regala sin lugar a dudas el monólogo más bello de toda la obra. Y esto siempre es una pista de los verdaderos sentimientos del autor:

Él me había avergonzado y perjudicado en medio millón, se rió de mis pérdidas y burlado de mis ganancias. Despreció a mi nación, desbarató mis negocios, enfrío a mis amigos y calentó a mis enemigos y cual es su motivo “Soy un judío”. ¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no se alimenta de la misma comida, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos haceis cosquillas, ¿no nos reímos?, Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos?
Si nos parecemos en todo lo demás, nos pareceremos también en eso. Si un judío insulta a un cristiano, ¿cuál será la humildad de éste? La venganza. Si un cristiano ultraja a un judío, ¿qué nombre deberá llevar la paciencia del judío, si quiere seguir el ejemplo del cristiano? Pues venganza. La villanía que me enseñáis la pondré en práctica, y malo será que yo no sobrepase la instrucción que me habéis dado.

La visión del mundo judío no es la única innovación de esta obra. El papel de la mujer como heroína y altamente intelectual (no olvidemos que en el teatro isabelino los personajes femeninos eran interpretados por hombres) o la pasión soterrada de Antonio por su amigo Bassanio (por qué Antonio está tan deprimido por el mero hecho que su amigo Bassanio contraiga matrimonio) son otros aspectos que hacen que esta comedia sea bastante revolucionaria en su época. Para apreciar estos aspectos hemos necesitado un par de siglos.

En 1942 Ernst Lubitsch estrenó la película Ser o no ser. En esta película un grupo de actores realizan sátiras de los nazis en la Polonia ocupada. Todavía el mundo no había descubierto el horror del Holocausto pero sí era consciente del fuerte antisemitismo del régimen alemán. Uno de los mejores momentos es cuando uno de los autores se enfrenta a los nazis precisamente usando el bello monólogo de Shylock.